miércoles, 26 de agosto de 2015

CON LAS MANOS ATADAS


Aquella tarde me encontré con mi amigo Juan por las calles del centro de Cartagena y dialogamos bastante. En realidad hacía casi dos décadas que no nos veíamos y los recuerdos de estudio y tantas cosas afloraron de inmediato.


Le hablé de mi regreso y de tantos anécdotas que resultaron interesantes para él y me contó que había empezado a trabajar hacía año y medio con una entidad pública. Me preguntó por mis proyectos políticos, pues de sobra sabía lo que me gustaba la participación en esos procesos y le conté extensamente sobre el programa que estaba apoyando, era un proyecto sólido de inclusión social que implicaba a las clases más vulnerables y le expliqué la historia de todo lo que venía haciendo esa persona a quien junto con un grupo de profesionales, amigos y conocidos, habíamos decidido llevar al Concejo de Cartagena. Le gustó el planteamiento y la vocación de ayuda social que manejábamos, pero me explicó la imposibilidad de poder apoyarnos porque sus votos estaban destinados al político que la había puesto a trabajar con una OPS, así como 500.000 pesos, que era parte del sueldo que ganaba y que debía pagarlo inclusive antes que recibiera el suyo cada mes, así como todos los que trabajaban con él.

Hablamos de todo un poco, pero volvíamos siempre a lo mismo, a ese momento en que se sentía con "Las Manos Atadas" sin poder ejercer libremente la democracia por ese gobernante de turno que manipulaba todo a su antojo para poder repetir la curul, porque en realidad no había hecho nada visible en la comunidad que le había votado esperando que cumpliera con un proyecto de gobierno que se llevó el viento. Me recalcó que a veces sentía ganas de gritarle a la cara que no votaría por él, pero se acordaba de los dos hijos y su esposa sin trabajo que lo esperaban en casa. Era una situación de impotencia la que sentía, me contó.

No dejé de pensar en eso que Juan me contó después de despedirnos, y concluir que así se van los votos amarrados a la cintura de quien cree que los puestos de trabajo estatales son de él y se aprovecha de su posición dominante en el ámbito laboral y de una sociedad que se lo permite por la misma situación de precariedad laboral y falta de carácter de algunos. Se acostumbran a presionar de esa forma a quienes desafortunadamente no tienen la posibilidad de denunciarlos por la condición en que se encuentran. Ya esos politiqueros no se conforman con pedirle 50 votos por persona, sino además parte del dinero que con tanto esfuerzo se gana cuando se trabaja.

Esta es la situación que viven muchos trabajadores, que tienen obligatoriamente que dar su voto a politiqueros sin escrúpulos que en nada han entendido lo que significa el arte de gobernar. Hasta que no cambie la mediocridad de nuestros dirigentes y ciudadanos y se revelen los trabajadores oprimidos ante este cruel trato desorbitado, no lograremos transformar esta ciudad que vemos y no queremos, mientras se nos cae a pedazos, y que no avanza, porque cada día crece más la desigualdad social a la que muchos se han acostumbrado como si la dignidad no hiciera parte de nuestras vidas.

Lo que si aseguro es que hay muchos que pensamos distinto y hemos comenzado a movernos para acabar con esta lacra y partida de sinvergüenzas que se burlan de quienes los eligen y dejan que nuestras calles y barrios se vuelvan focos de delincuencia e inseguridad, creando con esto cortinas de humo, para para minimizar sus actos de corrupción y seguir actuando como lo hacen.

A todos lo que leen esta columna, los invito a reflexionar y a demostrarle a estos canallas que el día de las elecciones se van a dar cuenta que no estamos "Con Las Manos Atadas" como muchos piensan y que aún existimos personas que no nos rendimos tan fácilmente, ni les dejaremos gobernar a su libre albedrío si no vienen con proyectos con fundamento, que en realidad busquen el bien común y no solo satisfacer sus intereses particulares, porque estamos cansados de tanta inoperancia y derroche de fortunas que crecen en sus pecunios de la noche a la mañana sin justificación alguna.


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